Resonancia: Pasado, presente y aquello que está más allá.

5 Sep, 2016

Resonancia: Pasado, presente y aquello que está más allá.

Por la Doctora Cherionna Menzam-Sills, Terapeuta Certificada de Movimiento Consciente y de Terapia Biodinámica Craneosacral

“Cuando moramos en un estado que está libre de toda ambición, la energía de la serenidad naturalmente se transfiere de una persona a otra como dos campanas que resuenan juntas.”

—Peter Fenner, 2007

“Resonancia” es un término que proviene de la Física; en este campo este término se refiere a cómo la vibración de un elemento puede afectar a otro que es similar, haciéndolo aumentar mediante el “efecto de arrastre” [entrainment]. Por ejemplo, un diapasón que está diseñado para vibrar en una frecuencia determinada comenzará a sonar si un segundo diapasón de la misma frecuencia está vibrando, ya que tienen el mismo tono. Esto no pasará si tienen tonos distintos. El término también ha sido utilizado en la neurociencia y en la psicología en relación a la habilidad de los individuos para aprender de, empatizar y establecer vínculos entre ellos.

Este artículo expondrá aspectos de la resonancia que podrían surgir en las sesiones de Terapia Craneosacral Biodinámica. En el momento presente, el practicante y el cliente entran en un campo de resonancia que les ayuda a poder asentarse en un nivel que por debajo del nivel de activación habitual. Con ello se puede producir una transición hacia un terreno holístico (que se puede definir como un sentido de totalidad y un sentir de la respiración primordial que pasa al primer plano de nuestra vivencia), en el que las intenciones de sanación pueden surgir. También pueden estar presentes en este campo influencias del pasado.

Somos seres de vibración. Como tal, nos afectamos los unos a los otros, incluso antes de que haya un contacto físico. La resonancia interpersonal, que implica al corazón, el sistema nervioso social y las neuronas espejo, es esencial para nuestro aprendizaje y desarrollo cuando somos pequeños, cuando resonamos con nuestras madres y con otras personas de nuestro alrededor. Al trabajar en una sesión, el cliente y el practicante, cada uno trae consigo las relaciones del pasado y estas podrían resonar con las historias personales de cada un@ (cliente o practicante), entrando así en un territorio de claroscuros que en psicoterapia se denomina “trasferencia” y “contra-trasferencia” (esto lo desarrollaremos un poco más tarde).

Más allá de estas (a veces) problemáticas resonancias, también resonamos con los campos energéticos que van más allá de nuestras historias personales y que se extienden hasta los misterios más universales del cosmos y de la Respiración de la Vida. Ya que somos seres que estamos compuestos de fluidos, resonamos con nuestro entorno, incluyendo la tierra, otras personas y los grandes campos energéticos que nos envuelven y nos nutren.

Cualquiera de estos aspectos podría facilitar o interferir nuestro trabajo y nuestro bienestar. Podemos usar nuestro conocimiento de la resonancia para favorecer el afianzamiento del campo relacional que compartimos con nuestros clientes y facilitar el despliegue del plan de tratamiento inherente a una sesión de trabajo.

Encontrarnos como seres vibracionales

Cuando el cliente y el practicante se unen, se produce un encuentro en diferentes niveles. Primero, como Lynn McTaggart, autor de “El Campo”, ha señalado, “la vibración de un cuerpo está reforzada por la vibración de otro cuerpo que está en su misma frecuencia o muy cerca de ella” (McTaggart, 2001, p. 86).Como practicantes, intentamos corporeizar las vibraciones que puedan ser útiles para el cliente, que a la vez nos sirven de apoyo para nosotr@s mism@s. Para este fin, en Biodinámica hacemos la práctica de orientarnos a lo que llamamos “fulcros del practicante.” Por ejemplo, puede que descansemos en nuestro corazón, barriga o el tercer ventrículo, o que nos calmemos con el sentir de nuestra propia respiración, o nos dirijamos hacia la línea central que se extiende verticalmente a través de nuestro propio cuerpo. Estos fulcros [puntos de apoyo] están concebidos para ayudarnos a estar presentes con el cliente, en vez de reaccionar desde el interior de los vórtices de nuestros propios traumas no resueltos, desde la activación de nuestro sistema nervioso u otras reacciones de este tipo. Comprendemos que, cuando el practicante se orienta hacia estos fulcros que producen calma y que hacen que seamos capaces de centrarnos, el cliente puede comenzar a resonar con la calma relativa del campo receptivo que ofrecemos. Esto puede ayudar al cliente a que también comience a calmarse y a ir más allá de los viejos asuntos no concluidos del pasado, ayudando así a que la Respiración de la Vida pueda hacer su trabajo.

resonancia001
Imagen Escuchando desde tus fulcros.  Extraído de Sills, 2011, p.104

Orientarse hacia esos fulcros fomenta nuestra resonancia con las fuerzas más universales y con los campos que están más allá de nuestro soma [cuerpo] personal y nuestro mundo. La línea central nos ayuda a resonar con los campos energéticos relacionados con la calma dinámica y con la respiración primordial. Descansar en el corazón nos puede ayudar a resonar con el enorme campo energético del corazón, que tiene un campo bio-eléctrico 60 veces mayor al del cerebro, y un campo bio-magnético 5000 veces más vasto que el del cerebro (McCraty, R. 2003, p.1). Ya desde un momento muy temprano del desarrollo embriológico, nuestro corazón recoge información de nuestro entorno. Cuando el cerebro se desarrolla, el corazón comienza a recoger información de nuestro alrededor. Cuando el cerebro se desarrolla el corazón sigue enviando más información al cerebro que el cerebro al corazón (ver por ejemplo McCraty. R, 2003). El trabajo de HeartMath (www.heartmath.org) revela lo muy intuitivos, sensitivos e inteligentes que son nuestros corazones, y cómo resonar con el corazón puede ayudarnos a afrontar con más coherencia los focos de estrés en nuestras vidas. Un corazón coherente hace aumentar la coherencia en todo el cuerpo, y también nos permite comunicarnos con otras personas meditante la resonancia. ¡Qué gran regalo podemos llevar al campo que compartimos con un cliente!

En Biodinámica hacemos referencia al “campo relacional” que se da entre el cliente y el practicante. Este término, que fue introducido en Biodinámica gracias a Franklyn Sills, fue acuñado por su anterior esposa, Maura Sills, cuando desarrolló la Psicoterapia del Núcleo del Proceso. Dentro del campo de la psicoterapia, la eficacia ha sido frecuentemente relacionada con la cualidad resonante de la relación terapeuta-cliente (ver Young, 2010). El profesor de Psiquiatría Daniel Siegel ha identificado un “circuito de resonancia,” que implica a las neuronas espejo, la ínsula, las regiones temporales superiores y el córtex prefrontal medio, que tan importante es para la sintonía interpersonal y la sensación de bienestar que está asociada a ella (Siegel, 2007, 2010).

Tenemos una comprensión intuitiva de la resonancia dentro de estos campos relacionales. Imaginemos, por ejemplo, que estás en una fiesta. Una sensación de amenaza interrumpe por sorpresa tu entusiasmo y alegría de estar allí. De forma abrupta, un conocido tuyo de hace muchos años te toca el hombro. Quizá es alguien que te hizo bullying o te atormentó en el colegio, o un jefe que te juzgó y te criticó en un trabajo que tuviste o la ex pareja que llevas mucho tiempo tratando de evitar. El campo energético entre vosotros te ha puesto en alerta ante la presencia de esta persona antes incluso de haberla visto. Los conoces a nivel energético, ya que sus campos se entrelazan con el tuyo. Podríamos decir que esto ocurre por la disonancia, cuando las vibraciones son diferentes y no complementarias. En cambio, en la misma fiesta, de repente sientes tu corazón templado, con una sonrisa dibujada en tu cara. Te das la vuelta y ahí está tu amigo más cercano. Sentiste a tu amigo energéticamente y tu cuerpo resonó.

Con un campo resonante y relacional la oxitocina es estimulada, lo que fomenta los cálidos sentimientos del amor y el afecto, que hace que establezcamos vínculos de apego seguro (ver Johnson, 2008). Experimentamos una sensación de sintonía y un deseo placentero de estar cerca de esa persona.

En cambio, un campo relacional disonante estimula nuestros sistemas nerviosos defensivos. Dependiendo de nuestra propia historia pasada, puede que se active nuestro sistema simpático de lucha-huída y sintamos calor, estemos agitados, enfadados o como si necesitásemos escapar y salir corriendo de la habitación. ¿Te has sentido alguna vez de este modo en una fiesta? O, ¡te has sentido de este modo siendo un cliente, cuando estabas en la camilla!… o incluso ¿has tenido un cliente que ha sentido esto? Alternativamente, la tendencia podría ser quedar en un estado parasimpático de congelación, disociado, llegando a quedar inmóvil y sin capacidad de respuesta. Puede que nos sintamos fríos y preocupados o, si estamos lo suficientemente disociados, puede que no sintamos nada. Tanto en los estados de activación simpática como en los de congelación parasimpática, estamos orientados al peligro. Hasta hace relativamente poco, estos dos sistemas nerviosos autónomos han sido considerados como algo que opera con un equilibrio recíproco; el simpático nos permite estar alerta y activos, y en otras ocasiones, el parasimpático favorece el descanso, el rejuvenecimiento, la reparación o un estado de disociación y congelación más extremo.

El neuropsiquiatra Stephen Porges ha desafiado este punto de vista tradicional, ya que ha observado que el nervio vago que está implicado en la función parasimpática, de hecho es mucho más que un nervio. En su teoría polivagal (muchos vagos), Porges advierte que, mientras que el nervio vago dorsal (en términos evolutivos más antiguo y sin mielina) es parasimpático, el nervio vago ventral es más tardío y forma parte de lo que él llama el sistema nervioso del compromiso social. El nervio vago ventral, al tener mielina, puede regular rápidamente la función del corazón, y está muy ligado con otros nervios craneales implicados en la expresión facial, escucha, habla, contacto visual, succionar y tragar; todas estas funciones son esenciales para establecer los primeros vínculos de apego, así como para mantener nuestro funcionamiento social a lo largo de toda nuestra vida. Este sistema nervioso social nos permite percibir con precisión y responder a lo que percibimos como seguro en el presente.

Porges advierte que el sistema autónomo funciona de forma jerárquica; hay un nivel que está en la cúspide de la jerarquía, mientras que la actividad de los otros no tiene tanta prominencia. Cuando nos enfrentamos a una amenaza potencial, respondemos primero con nuestro sistema nervioso social. Nos orientamos hacia el peligro, advertimos si otros humanos están a nuestra disposición y cómo estos están respondiendo. Este sistema nervioso social nos capacita para trabajar de forma cooperativa para protegernos si es necesario. Al mismo tiempo, nuestro sistema nervioso simpático nos ayuda a estar alerta para afrontar este peligro potencial y nuestro sistema parasimpático mantiene la calma que es necesaria para que podamos hacer una pausa y evaluar. Si el sistema nervioso social no se adecua a la situación, el sistema simpático toma el mando. Tratamos de luchar o huir. Si eso no funciona, entonces pasamos a la congelación parasimpática.

Esta jerarquía es muy relevante en lo que respecta a cómo resonamos dentro del campo relacional de una sesión de trabajo. Si el practicante o el cliente están funcionando en primer plano con el sistema simpático defensivo o con el sistema parasimpático, será difícil que el campo relacional se calme y se asiente. Es muy probable que el sistema del cliente permanezca en el modo protección, activación o congelación, y el plan de tratamiento inherente no se desarrollará.

La calma del campo relacional depende de la sensación de seguridad. Esto requiere del apoyo del sistema nervioso social. Esta es una razón por la cual hablamos con nuestros clientes cuando los recibimos, en vez de empezar inmediatamente a instruirlos de forma inmediata a que se sienten en la camilla. Hablar pausadamente, con tonos suaves y con un contacto visual amigable estimula el sistema nerviosos social, lo cual ayuda a que se active cuando el cliente se haya perdido en reacciones defensivas de lucha, huida o congelación. A medida que vamos hablando, fomentamos la resonancia entre nosotros. Este campo relacional comienza a calmarse. Una vez que esta calma se produce, el sistema del cliente puede comenzar a hacer decrecer su activación y sus patrones habituales. Se puede dar una sensación de disolución, de volver a un estado más fluido y menos tenso. Una sensación de totalidad surge y la respiración primordial puede quedar en primer plano, como el sol que sale por detrás de las nubes.

Este cambio holístico depende de la calma del campo relacional, en la que hay algún grado de resonancia entre el cliente y el practicante. En la siguiente sección veremos algunas situaciones en las que esta calma fue obstaculizada, y cómo la resonancia de los eventos pasados puede afectar a la sesión de trabajo.

Resonar con el pasado

Cuando dos personas, como el practicante y el cliente, se juntan, estos llegan al encuentro presente no sólo con ciertas intenciones previas, sino que también llegan con influencias de sus experiencias interpersonales pasadas. En la sesión de trabajo, el pasado puede ocluir nuestra habilidad para percibir y resonar con el campo de seguridad que sostiene la sesión. Esto vale tanto para el cliente como para el practicante.

Nuestras experiencias afectan a cómo orientamos nuestras relaciones. Por ejemplo, donde ha habido un trauma no resuelto del pasado, se produce una tendencia a percibir que ese trauma es recurrente. Habrá una tendencia a resonar con aquello que se parece al trauma. Los investigadores de Coherencia Cardíaca, McCraty y Zayas (2014) escriben,

“Uno de los principales síntomas de los acontecimientos relacionados con el trauma que hacen colapsar nuestras capacidades para manejarlos satisfactoriamente y adaptarnos adecuadamente a ellos, es un cambio de nuestro punto de referencia interno que produce una activación repetitiva del evento traumático. Esto puede dar lugar a una excesiva sensibilidad y alta vigilancia de las señales ambientales que se reflejan en las respuestas emocionales inapropiadas y las dinámicas del sistema nervioso autónomo.” (MacCraty y Zayas, 2014)

Las neuronas que detectan peligro o seguridad se parecen a unas antenas que responden a las ondas vibracionales que salen a su paso. Algunas neuronas están sintonizadas para responder a las vibraciones relacionadas con el peligro. Es como si el trauma entrenase a las células neuronales a estar orientadas hacia las señales de peligro. Cualquier cosa que se parezca ligeramente a ellas puede producir reacciones de lucha-huida o de congelación. La amígdala, el centinela del cerebro, percibe el peligro y hace desencadenar una respuesta de estrés para relacionarse con ello. Con el trauma no resuelto, la amígdala puede que se haga muy sensible y que responda con mucha facilidad. ¿Cómo se relaciona esto con la sesión de trabajo, en la que los practicantes con mucho tacto invitan al cliente a entrar en la sala o a tumbarse en la camilla?

Imaginemos una situación que es muy común, en la que el cliente ha tenido un parto muy difícil, que requirió de la anestesia y de la asistencia del fórceps u otro tipo de intervenciones. Cuando el cliente está tumbado en la camilla, sentir al practicante que está sosteniendo su cabeza podría resonar con su memoria de estos momentos tempranos. O el mismo hecho de yacer en posición supina en la camilla podría resonar con su temprana experiencia de los asistentes del parto que estaban alrededor de ella o él manipulando su cuerpo durante y después del parto. Esta resonancia podría estimular un estado parasimpático de sedación e inmóvil que se parece a la anestesia que fue administrada en el nacimiento o durante intervenciones quirúrgicas posteriores. Podría resonar también con otras experiencias traumáticas como haber sido abusado o violado en esta posición. También podría haber una activación simpática, como el sentimiento de necesitar luchar contra los intrusos o escapar. La carga simpática, por lo general, está retenida en el modo congelación. Por ejemplo, los bebés no son lo suficientemente grandes y fuertes para luchar o huir. Cuando el impulso simpático no tiene éxito al lidiar con los desafíos relacionados con haber sido tratado de forma ruda por los asistentes del parto o el fórceps, un impulso parasimpático los inmoviliza, asistido por la anestesia. Estas cargas autónomas permanecen en el sistema nervioso, esperando la resolución. Cuando son activadas, afectan a la percepción de seguridad o peligro del cliente.

No podemos pretender que el cliente se pueda calmar y se sienta automáticamente seguro en nuestra presencia. Se ha de considerar que yacer en posición supina en la camilla es una posición naturalmente regresiva, que le puede traer el recuerdo de ser un pequeño bebé dependiente e indefenso. En medio de una ola de trasferencia somática, el cliente puede que (por lo general de forma inconsciente) se sienta incómodo, con miedo o sin fuerza, reaccionando ante nosotros de igual modo que ante un asistente del parto, cuidador, profesor, sacerdote o alguien que abusó o que los molestó en los primeros momentos de su vida. El término “trasferencia” es un término útil del Psicoanálisis para hacer referencia a la tendencia del cliente a (por lo general de forma inconsciente) transferir al terapeuta su memoria de alguien del pasado, por lo general una figura de autoridad. Podría ser una memoria positiva, como cuando el cliente te ve como a su salvador o como el padre amoroso que nunca tuvo. También puede ser negativo; el practicante es percibido como una persona abusiva, sin respeto o peligrosa de su pasado. En ambos casos, la percepción del cliente se relaciona con la resonancia del pasado y ocluye la percepción detallada del presente y del practicante real que está con ellos. Aunque la trasferencia positiva podría parecer algo bonito, se ha de cobrar un precio por ella. Si el practicante no está a la altura de esas expectativas positivas, la trasferencia podría quebrarse y de repente trasformarse en una trasferencia negativa. Pasas de ser el mejor practicante del mundo a ser el peor, simplemente porque no entendiste exactamente lo que el cliente quería decir, o tu contacto no fue del todo bueno, o …

Otro aspecto de la trasferencia es que podría resonar con el pasado del practicante de un modo u otro. La respuesta o reacción interior del practicante al proceso que está surgiendo en el cliente fue llamada “contra-trasferencia” en el Psicoanálisis. La contra-trasferencia puede dar al terapeuta una información útil, pero también puede generar confusión en la atención del terapeuta a su propio proceso. Digamos, por ejemplo, que tu padre siempre te despreció, y por ello nunca te sentiste lo suficientemente bueno. Tu cliente proyecta en ti que eres absolutamente fabuloso. Eso, por supuesto, eso es algo que te hace sentir bien. Cuando resuenas con esa trasferencia, te das cuenta de estás teniendo sentimientos extremadamente positivos hacia el cliente. En vuestra propia contra-trasferencia (en la que el terapeuta reacciona ante el cliente como si este fuese alguna experiencia o alguien del pasado), tú (probablemente de forma inconsciente) sientes que por fin tu padre te ve como lo que realmente eres. Comienzas a satisfacer los caprichos de tu cliente porque se convierte en alguien especial para ti. Les dedicas tiempo de más, haciendo que llegues tarde a las citas de los demás clientes o haciendo que tu descanso para almorzar sea muy corto.

Hay una trasferencia más peligrosa, incluso contra-trasferencia, cuando el cliente y/o practicante se sienten mutuamente atraídos, percibiendo en ellos el alma gemela que siempre han anhelado. Este anhelo podría ser una resonancia del pasado, como la experiencia de haber perdido a un gemelo en el vientre materno. Las concepciones humanas frecuentemente son múltiples, pero no los partos, lo que indica que muchos de nosotros habemos tenido un gemelo que murió antes del parto. En este “síndrome del gemelo desaparecido,” los gemelos muchas veces mueren cuando son diminutos. Puede que hayan sido vistos mediante las imágenes de ultrasonido obstétrico (ecografía) y después haber desaparecido en el siguiente chequeo de seguimiento. Puede que sean reabsorbidos por el tejido materno o incluso por el cuerpo del gemelo que ha sobrevivido. Frecuentemente, no tenemos consciencia de que hemos tenido un gemelo, pero el gemelo que sobrevive resuena con el sentimiento de pérdida y anhelo, lo cual afecta a nuestras relaciones durante toda nuestra vida.

Nuestra experiencia de la Respiración de la Vida en la sesión de trabajo podría estimular también las complicaciones en nuestras trasferencias. La experiencia directa de la Respiración de la Vida podría abrir nuestro corazón de par en par. He tenido experiencias muy poderosas como practicante de Biodinámica de un sentimiento de amor en mi corazón muy intenso. Puede que sienta que estoy sosteniendo a un embrión diminuto y muy sagrado. A veces compartimos las lágrimas, ya que nuestros corazones se funden en este campo de amor. Este tipo de experiencia puede ser percibida erróneamente tanto por el cliente como por el practicante; se puede confundir con un tipo de amor más bien personal. ¡Por fin nos hemos encontrado! La resonancia de nuestro corazón con la Respiración de la Vida se interpreta como algo que está relacionado con esta persona particular. La experiencia comienza a resonar con nuestros anhelos personales y necesidades. Para los practicantes, es esencial tener el apoyo de una supervisión regular para que puedan tener claridad cuando están trabajando con estas energías tan poderosas. Desde un estado de claridad, nosotros en tanto que practicantes también podemos facilitar que nuestros clientes diferencien entre este estado sanador del corazón y el tipo de amor personal y romántico que ellos erróneamente piensan que está relacionado con esta experiencia. Cuando hacemos esta diferenciación, mantenemos y profundizamos en la seguridad de nuestro campo relacional.

Otro aspecto importante de la resonancia a considerar dentro de nuestro campo relacional es cómo, en este trabajo, tendemos pase de la atención analítica del hemisferio izquierdo al descanso de un estado más difuso y holístico de la parte derecha del cerebro. Cuando el practicante se asienta de este modo, el cliente puede resonar con este estado, asistido por sus neuronas espejo. Pasamos entonces a un estado de “cerebro-derecho-a-cerebro-derecho” que es reminiscencia de la relación entre la madre y el bebé (ver Schore, 1994, 2000). En los infantes en torno a tres años, la función derecha del cerebro es mucho más predominante que la izquierda, que comienza a estar más operativa cuando el lenguaje comienza a desarrollarse. Aprenden del mundo en un estado altamente susceptible a la sugestión, como ocurre en la hipnosis, tomando toda la información sin evaluarla o filtrarla (Lipton, 2005). Cuando sus neuronas espejo resuenan con la presencia de quienes les cuidan y con su mundo externo, los pequeños aprenden sintiendo directamente a quienes están a su alrededor. En la sesión de trabajo, los clientes frecuentemente parecen volver al estado de infantes en el que, como bebés, procesan la información más lentamente, pueden ser fácilmente abrumados y entrar en contacto directo con el campo que les envuelve mediante la resonancia.

Similarmente los practicantes puede que entren en un estado relacionado con el hemisferio derecho del cerebro y convertirse fácilmente en bebés. Podríamos tomar información sobre nuestros clientes directamente a través de nuestras sensaciones corporales y sentimientos. Por ejemplo, podríamos sentir dolor en nuestro hombro izquierdo resonando con el dolor de nuestro cliente o puede que nosotros podamos sentir una ola de tristeza que nos informa de la pena de nuestro cliente. En este estado potencialmente útil de la contra-trasferencia somática, es importante que nosotros, en tanto que practicantes, seamos capaces de diferenciar entre aquello que se relaciona con el cliente y aquello que pertenece a nuestro propio material y que está siendo estimulado. No es útil proyectar en el cliente nuestros propios traumas no resueltos o decirle al cliente lo que le está pasando (en vez de dejarle a él que lo evalúe por sí mismo).

Si bien nuestras percepciones podrían estar en lo cierto o no, es esencial para los practicantes ayudar a que los clientes puedan estar con cualquier cosa que estén experimentando, en vez de decirles qué cosa pensamos que están que experimentando. Nuestra necesidad de decirles qué es lo que están sintiendo muy frecuentemente proviene de nuestras necesidades no resueltas, como la necesidad de ser respetados o apreciados, de demostrarnos a nosotros mismos que valemos o que somos lo suficientemente buenos o de hacer algo para fijar una situación que no podemos soportar. Cuando surgen este tipo de situaciones, una vez más, es importante para los practicantes tener apoyo y supervisión, o hacer psicoterapia para ser capaces de poder resolver sus propios asuntos no resueltos.

Nosotros, en tanto que practicantes, necesitamos apoyo para que podamos estar tan presentes como nos sea posibles, ya que facilitamos que nuestros clientes se orienten hacia el momento presente, estableciendo diferencias entre el antes y el ahora. Siendo conscientes del sistema de compromiso social, hablamos con tonos calmos y resonantes, ayudando a que el cliente se oriente hacia la seguridad. Les ayudamos a ser conscientes de y recordar lo que les sirve de apoyo, lo que les hace sentir bien a ellos, lo que les dice que están seguros aquí y ahora. Cuando se orientan hacia esos recursos, pueden resonar con más facilidad con la seguridad que ofrecemos. El campo relacional se puede asentar cuando nos encontramos en el momento presente.

Frecuentemente suelo recordar en las sesiones de Biodinámica las enseñanzas de mi querida mentora, Emilie Conrad, fundadora del Movimiento Continuo. Ella enfatizaba cómo las células y los tejidos se organizan en base al contexto que les rodea. Si, por ejemplo, crecimos en una familia violenta o durante la guerra, nuestros tejidos y sistema nervioso se desarrollaron en resonancia con ese campo, y tendrán una tendencia hacia la tensión hiper-vigilante o a estar a la defensiva. Tanto en el Movimiento Continuo como en la Biodinámica, creamos un contexto diferente. Cuando nos calmamos y nos asentamos en la seguridad del momento presente, nuestros tejidos se funden y nuestra sensación de estar aguantando se afloja. Como diría Conrad, aflojamos nuestros inhibidores y podemos volver a un estado de ser fluido, más natural y esencial para nosotros. Después podemos re-formar desde el contexto actual. En Biodinámica ese contexto incluye nuestro campo relacional de seguridad, así como una orientación a la salud siempre presente y a las fuerzas conformadoras universales, incluyendo la respiración primaria.

Resonando con “Aquello que está más allá”

“En algún lugar fuera y más allá de nuestro sentido
De hacer las cosas bien o de hacer las cosas mal
Hay un campo… Allí te encontraré”

– Rumi

Uno de los regalos más grandes que podemos ofrecer a nuestros clientes es nuestra resonancia con la respiración primordial y con el campo energético que genera. Como practicantes, nos encontramos con nuestros clientes en tanto que humanos dentro de un campo relacional y también en tanto que seres vibracionales que tienen el apoyo de los vastos campos energéticos que nos forman. Nos podemos percibir a nosotros mismos como campos dentro de campos, encontrándonos y solapándonos con los campos similares del cliente.

Ya hemos hablado de la resonancia del corazón y de los campos energéticos del corazón. Estos campos se solapan claramente y se comunican cuando estamos cerca de la presencia física del cliente. También descansamos en el seno de campos mucho más grandes. En Biodinámica percibimos el tejido físico celular que está suspendido dentro de un campo de fluido más grande, que consiste en los fluidos del cuerpo físico y en lo que Becker llamó bio-esfera. Este es un campo energético que se extiende unos 50 centímetros alrededor del cuerpo físico y que está relacionado con lo que llamamos la “marea media” o la “marea fluida”. Este cuerpo fluido o campo está suspendido dentro del campo vasto de la radiación de la “gran marea”. También nos podemos percibir suspendidos dentro de este cuerpo relacionado con la marea o con el cuerpo de la gran marea, un campo bio-eléctrico con forma de toro [se refiere a la forma geométrica; no al animal], con una constante línea central que se alza (que solemos llamar la línea central primordial), y que también solemos referirnos a ella como “la fuente que rocía la vida.”

Imagen: Tres cuerpos o campos Texto del cuadro (de arriba abajo): “1.Cuerpo de la marea; 2. Cuerpo físico; 3. Cuerpo Fluido” De Sills, 2011, p.34
Imagen: Tres cuerpos o campos
Texto del cuadro (de arriba abajo): “1.Cuerpo de la marea; 2. Cuerpo físico; 3. Cuerpo Fluido”
De Sills, 2011, p.34

Estos campos suponen estadios inferiores de la Respiración de la Vida y guían nuestra formación cuando somos embriones y a lo largo de toda nuestra vida. La línea central primordial que siempre está surgiendo, por ejemplo, se puede ver muy claramente en un película de You Tube sobre los embriones de las ranas en formación (Vanderberg, Morrie y Adaas, 2011). En esta película de investigación de la Universidad de Tufts se muestra el pliegue de los embriones de las ranas mediante señales eléctricas, una mancha fosforescente proporcional al potencial eléctrico de alrededor de las membranas de las células, revela una luz brillante que sube por el centro del embrión. La forma del embrión se presenta primero mediante esta señal eléctrica y después a nivel físico. En otras palabras, las células del embrión parecen seguir a la forma energética.

resonancia004
Imagen: Línea primitiva del toro Texto de la imagen (de arriba abajo, de izquierda a derecha): “1. Toro del campo bioeléctrico; 2. Línea primitiva que sube mediante la línea central primordial del toro; 3. Disco primitivo.”

La “línea primitiva” y la notocorda aparecen como células, aparentemente atraídas hacia arriba por la energética línea central (primordial), siguiéndola para poder formarse. La notocorda, siendo un tejido algo más denso, después sirve como un fulcro físico organizador en el embrión, en el que prácticamente todos los tejidos se organizan en relación con este. En otras palabras, las células resuenan con el campo energético y con la línea central, ¡adquiriendo sus formas después de que el campo bioeléctrico les muestre cómo hacerlo! Los investigadores que se dieron cuenta de este campo en los embriones de las ranas estaban interesados en un principio en cómo el rostro se formó primero a nivel energético y después en lo físico, pero podemos ver y sentir esto en la línea central y en cualquier otro aspecto del cuerpo.

Cuando resonamos con esta línea central primordial en Biodinámica, las células y los tejidos se ven favorecidos por esta línea y resuenan con esta. Frecuentemente percibimos que esta orientación hacia la línea central primordial ocurre espontáneamente como parte de la reorganización posterior a la resolución de los fulcros con inercias. Similarmente, los científicos han observado que los organismos se forman dentro de campos cuánticos y electromagnéticos, y que también se ven afectados por campos externos (ver Ho, 2008). En Biodinámica percibimos y sostenemos a nuestros clientes dentro de, no sólo la línea central primordial y su campo bio-eléctrico con forma de toro, sino también de la línea central cuántica y el campo, que no está afectado por las condiciones de la vida, que siempre está presente y dispuesto a recordar a nuestras células y tejidos su intención original.

Una vez más esto me recuerda las palabras de Emilie Conrad, que declaró que el cosmos está hecho de agua en espiral, y que el embrión está hecho de agua en espiral. En ese agua hay un elemento altamente resonante (ver Emoto, 2004;Tiller, 2001), el fluido del embrión resuena directamente con el Cosmos, recibiendo información de él. Cuando nuestros tejidos se han hecho densos en respuesta a las condiciones de la vida, son menos fluidos, reduciendo su habilidad para resonar. Cuando nos disolvemos en el Movimiento Continuo y en la Biodinámica, volvemos otra vez a nuestro fluido natural de resonancia, recibiendo la información esencial directamente de los campos que nos rodean.

Como practicantes de Biodinámica nuestra labor fundamental es servir de orientación hacia esos campos universales. Cuando los clientes llegan, sus tejidos frecuentemente están más orientados hacia sus historias y sus influencias que hacia esas fuerzas universales que conforman, propias de la Biodinámica. A lo largo de toda nuestra vida, siempre estamos dando forma y re-formando, guiados por esas fuerzas energéticas con las que resonamos. Estas comienzan con las fuerzas biodinámicas universales como el toro bio-eléctrico y su línea central primordial. La vida, no obstante, también nos presenta muchas condiciones que no siempre son favorables y muy a menudo suponen un reto. Estas nos proveen de fuerzas condicionales, que no son universales, pero que se relacionan con nuestras experiencias individuales. Estas fuerzas condicionales pueden dar como resultado fulcros con inercias, donde las fuerzas no resueltas están retenidas por la potencia para que así puedan protegernos. Las células y los tejidos se organizan a lo largo de la vida en relación a estos fulcros, así como también en relación a las fuerzas biodinámicas universales, representadas por la respiración primordial.

De acuerdo con el principio osteopático, llevado a la Biodinámica, la salud siempre está presente. Nuestros fulcros con inercias y los patrones de tejidos resultantes son una expresión de la salud en acción. La potencia, nuestra fuerza vital corporeizada, ha trabajado para contener fuerzas con inercias potencialmente peligrosas hasta que pudiese llegar ese momento en el que podrían ser resueltas. Nuestra orientación hacia la salud en tanto que practicantes puede servir de apoyo para que el cliente pueda también resonar con la salud, tanto en sus tejidos como en su psyche.

La primera vez que tenemos un contacto físico con nuestros clientes, frecuentemente sentimos un pulso cardíaco acelerado, fluctuaciones y una activación del sistema nervioso. Todos estos se relacionan con las fuerzas condicionales del sistema del cliente con las cuales está resonando. Cuando mantenemos una intención de calmarnos a nosotros mismos en tanto que practicantes y nos orientamos hacia lo más profundo y universal de las fuerzas dinámicas, el sistema del cliente puede resonar con nuestras intenciones de calmarnos y de profundizar en nuestra experiencia. Nuestra presencia asentada y nuestras intenciones sirven para aumentar la orientación del cliente hacia la respiración primordial mediante la resonancia. Como dice el osteópata craneal Nicholas Handol, “La presencia de la armonía del médico con el universo y con el paciente permite que el cuerpo del paciente procese la confusión que hay en él y restaure su propia armonía con su entorno.” (Handoll, 2000, p.146)

Cuando reconocemos las fuerzas condicionales y los patrones que están en ellas presentes y después nos orientamos hacia la respiración primordial y al terreno de la serenidad dinámica que nos sostiene a todos, el sistema del cliente también puede descansar de forma más plena. Dentro de la seguridad de nuestro campo relacional orientado al momento presente, los viejos patrones de nuestra historia pueden comenzar a aflojarse. Las fuerzas condicionantes pueden asentarse y descargarse. Los inhibidores se aflojan y, como el pequeño embrión, el cliente puede volver a descansar en el estado fluido de ser, resonando con el cosmos y con las fuerzas universales que van más allá de nuestra historia personal y de las historias que arrastramos sobre quienes creemos que somos. Juntos, practicante y cliente se disuelven, se encuentran y resuenan con algo que es mucho más vasto de lo que somos nosotros.

Referencias 

Emoto, M., trauducido por Thayne, D. A. (2004). The hidden messages in water. Hillsboro, OR: Beyond Words Publishing.

Fenner, P. (2007) Radiant mind: Awakening unconditioned awareness. Boulder, CO: Sounds True, Inc., 111- 112, 121.

Handoll, N. (2000). Anatomy of potency. Hereford: Osteopathic Supplies.

Ho, M. W. (2008). The rainbow and the worm: The physics of organisms, 3ª ed. London: World Scientific.

Johnson, S. (2008). Hold me tight. New York: Little, Brown and Company.

Lipton, B. (2005). The biology of belief: Unleasing the power of consciousness, matter, and miracles. Santa Rosa, CA: Mountain of Love/Elite Books.

McCraty, R. y Zayas, M. A. (2014). Cardiac coherence, self-regulation, autonomic stability, and psychosocial well-being. Frontiers in Psychology, 5 (01090) http://dx.doi.org/10.3389/fpsyg.2014.01090.

McCraty, R. (2003). The energetic heart. Boulder Creek, CA: Institute of Heartmath.

McTaggart, L. (2001). The field: The quest for the secret force of the universe. HarperCollins.

Schore, A. N. (1994). Affect regulation and the origin of the self: The neurobiology of emotional development. Hove, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.

Schore, A. N. (2000). Attachment and the regulation of the right brain. Attachment and Human Development, 2 (1), 23 – 47.

Siegel, D. J. (2007) The mindful brain: Reflection and attunement in the cultivation of well-being. New York: WW Norton & Company.

Siegel, D. J. (2010) The Mindful Therapist: A Clinician’s Guide To Mindsight and Neural Integration. New York: WW Norton & Company.

Sills, F. (2011). Foundations in Craniosacral Biodynamics: The breath of life and fundamental skills, Vol. 1. Berkeley, CA: North Atlantic.

Tiller, W.A., Dibble, Jr., W. E., and Kohane, M. J. (2001). Conscious acts of creation: The emergence of a new physics. Walnut Creek, CA: Pavior. 

Vandenberg, L. N., Morrie, R. D., and Adams, D. S. (2011) V-ATPase-Dependent Ectodermal Voltage and pH Regionalization Are Required for Craniofacial Morphogenesis.  Developmental Dynamics 240:1889-1904.

Young, C. (2010). “To touch or not to touch: That is the question.” Doing effective body psychotherapy without touch.

http://www.courtenay-young.co.uk/courtenay/articles/B-P_without_Touch_1.pdf

Cherionna Menzam-Sills ha sido terapeuta desde 1978. Es una profesora autorizada de Movimiento Continuo y una terapeuta de Biodinámica Craneosacral. Ejerce y enseña en Europa, EEUU y Canadá, muchas veces con su marido, el pionero de la Biodinámica Franklyn Sills. También es una terapeuta de parto y prenatal, habiendo estudiado a fondo con los pioneros de la Terapia Prenatal y de Parto, William Emerson y Ray Castellino, y ha completado sus estudios de doctorado en Psicología Pre y Perinatal. Cherionna ha practicado y enseñado en este campo , incluida la docencia en Embriología mediante el movimiento, desde los 90- Es autora del libro que aparecerá próximamente The Breath of Life: An Introduction to Craniosacral Biodynamics [La Respiración de la Vida: Una introducción a la Biodinámica Craneosacral]. Su trabajo está basado en la atención consciente somática, en la presencia y la resonancia cardíaca.

Texto traducido para la AETBC por: José Luis Poveda Alfaro