El cuidado, por Dr. Michael J. Shea (2016)

elcuidado01
6 Nov, 2017

El cuidado, por Dr. Michael J. Shea (2016)

Cuidar de uno mismo y de otra persona es un instinto biológico natural. Supone la base de la empatía y la compasión. Cuidar implica todo el espectro de posibilidades que va desde nuestra naturaleza animal más básica de sanarnos cuando estamos enfermos hasta el deseo sincero de que el mundo esté completamente libre de dolor y sufrimiento. Así pues, cuidar está ligado al desarrollo moral y la intención altruista de que todo dolor y sufrimiento sean sanados. El deseo de liberarse del dolor y el sufrimiento es el deseo de sanar, lo cual significa llegar a convertirse en una unidad. Este deseo innato de tener la experiencia de una libertad de esta magnitud también incluye la necesidad de conocer cuáles son las causas del dolor y el sufrimiento, tanto a nivel corporal como a nivel de sabiduría (mente y cognición). La mente y el cuerpo deben funcionar juntos como una unidad para que puedan ser libres.

Mi mujer estuvo muy enferma hace unos días; tenía un problema intestinal así que decidimos caminar por la playa porque sentía la necesidad de entrar en relación con la naturaleza. En casa fue incapaz de determinar qué remedio tomar o utilizar. Le sugerí que mientras estuviésemos en la playa se tumbase en la arena caliente y dejase que el animal que hay dentro de su cuerpo le dijese lo que necesitaba para poder volver a la normalidad. Una hora más tarde de estar tumbada, se levantó y se fue a casa. Inmediatamente se dirigió hacia un remedio natural: un enema de agua caliente. En tan sólo unas cuantas horas se liberó de su dolor físico. Nuestro cuerpo es capaz de darnos la información de cómo sanarse. A veces es arena y agua. Este mensaje corporal interno frecuentemente es anegado por un profundo mar de consejos de otras personas.

El animal salvaje que hay en nosotros sabe como sanar nuestro cuerpo y su brava energía debe ser templada con la sabiduría de la paz mental. El cuerpo y la mente deben trabajar juntos para que puedan ser sanados los desafíos que se derivan de un desequilibrio emocional u otros estados mentales extremos que ocluyen el juicio. La claridad necesaria para navegar en la vida contemporánea puede ser fácilmente distorsionada. Esta labor de templar implica un esfuerzo y disciplina que no son severas sino más bien llenas de amabilidad y humildad. Un cuidado así incluye todo el espectro de interacciones cuerpo-mente del desarrollo humano. Cuidar es la base de todas las sensaciones, sentimientos y emociones. Incluso el odio y la rabia, en su núcleo, son expresiones de cuidado.

Esto me recuerda un libro de Salmon Rushdie, publicado por vez primera en 1988, llamado Versos Satánicos. El libro ponía en tela de juicio a Mahoma y el Ayatollah Khomeini decretó una sentencia de muerte (fatwa) sobre Salmon Rushdie por este tipo de blasfemia e incluso elevó a 600.000 dólares la recompensa para quien lo matara. Finalmente fue retirada la fatwa de muerte contra él, y cuando Salmon Rushdie fue entrevistado sobre esta cuestión, dijo que todo esto lo vio simplemente como una “forma extrema de crítica literaria”.

En el otro extremo del espectro del cuidado estaría Su Santidad el Dalai Lama, ganador del Premio Nobel de la Paz y autor de casi 80 libros sobre cómo crear felicidad y bienestar en nuestro interior y en la sociedad. Viaja a través de todo el mundo enseñando estos principios. Por tanto, ya sea una fatwa que condena a muerte a alguien o el altruismo del Dalai Lama, ambas acciones tiene su origen en el instinto de cuidado. La incapacidad para cuidar genera dolor y sufrimiento y es un bloqueo en el flujo cuerpo-mente. El flujo normal entre la mente y el cuerpo, cielo y tierra, espíritu y materia sufre una distorsión o desviación, causando un bloqueo y, como mi mujer frecuentemente dice, hace surgir la necesidad de que tengamos que desintoxicarnos. La realidad podría estar cercana al hecho de que somos incapaces de auto-regularnos y por tanto transformar sensaciones en sentimientos, emociones y estados cognitivos. Una incapacidad de este tipo causa en nosotros una pérdida de discernimiento a la hora de saber qué debemos aceptar y qué rechazar en la infinidad de sensaciones y pensamientos que experimentamos en el día a día. Cuando sabemos el significado de la experiencia personal podemos autorregularnos con amor y amabilidad.

Pero en un nivel más profundo esta condición que impide fluir puede ser síntoma de que estamos arrastrando una carga, de que interiormente sentimos culpabilidad o tenemos la sensación de, de algún modo, ser un profundo error. Frecuentemente se le da el nombre de la “dualidad cartesiana [teoría del filósofo Descartes] que divide la mente y el cuerpo”. Así que perder el cuidado es también una pérdida de nuestra naturaleza humana más básica, que es ser inherentemente completo y un todo. La Totalidad es el estado original.

Las prácticas de autoayuda, especialmente la meditación mindfulness están disponibles en nuestra sociedad actual. En general, en base a la investigación científica, ambas nos ayudan a desarrollar un nivel de estabilidad dentro de nuestra personal danza con la crítica hacia nosotros mismos, sentir que hay un fallo en nosotros o tener la sensación corporal persistente que siempre nos está dando la lata para que insistamos en anestesiarnos. Al menos somos capaces de domesticar y contener un poquito más nuestras neurosis. Por así decir, vuelve a ser empaquetada dentro de un bol más bonito. Recuerden que la meditación mindfulness en su forma tradicional surgió de una cultura que confiaba en la sanidad [mental] básica del ser humano y la naturaleza sana de la mente–cuerpo. En esas culturas el complejo cuerpo-mente supone una totalidad unificada.

Sentir que uno internamente es un fallo o que está incompleto viene después o es un extra; es como los créditos extras que vienen al final de un DVD. Puede que estemos intentando llegar a estar completamente en el cuerpo y libre de conflictos emocionales y mentales mediante las prácticas de autoayuda; pero puede que de ese modo sólo estemos consiguiendo encapsular la sensación de que nos falta algo o somos incompletos, y que la estemos manteniendo acorralada sin lograr transformarla. El núcleo de todos los seres humanos, no obstante, es ser básica e inherentemente completos, un todo en el que podemos confiar. Esto nos podría ayudar a tomarnos con humor nuestros propios errores y desafíos ya que forman parte de la naturaleza de la vida, y considerarlos como las tomas falsas que hay al final de una película donde se muestran las meteduras de pata de los actores. De este modo sería como si siempre estuviésemos parando la escena y después nos toca volver a rodarla.

En consecuencia, despertar (y me atrevería a decir tener fe en) el instinto biológico de ayudar, significa investigar la realidad interior de nuestro cuerpo-mente como algo que ya está completo y no tiene siquiera la más mínima falta. Esa es nuestra esencia o derecho de nacimiento. Ya somos el todo. Los errores, los fallos y los desórdenes que todos experimentamos como parte de la vida y sus interminables alucinaciones mentales y emocionales, u otras exóticas fantasías, son los créditos extras o los cortes que el director ha hecho y que incluyen todas las escenas borradas de la película de nuestras vidas. No hay crecimiento sin resistencia. Como cualquier embriólogo te puede decir, nuestros orígenes biológicos están definidos por la resistencia al crecimiento. En consecuencia la polaridad de la escucha y el miedo, de los problemas y sus antídotos, es sostenida dentro de una matriz preexistente de totalidad y estado de no-fallo o no-carencia.

A pesar de que la industria de la psicología y autoayuda ha sido creada para resolver nuestros fallos o los problemas de nuestro carácter con miles de antídotos y práctica de autoayuda, el problema, por así decir, es que incluso los fallos en y por sí mismos deben ser vistos como una expresión de la totalidad y la completitud. En otras palabras, la totalidad del ser humano es toda ella parte del todo; y en este todo todas las partes son consideradas como iguales, ya que su base es algo completo y total. Una vez que una parte del cuerpo-mente es dividida y deja de estar integrada en el todo, nuestro sistema de navegación sensorial-emocional es puesto en peligro por alucinaciones y fantasías que bloquean el conocimiento de qué debemos aceptar y qué rechazar, tal y como anteriormente mencioné. El trabajo de la totalidad corporeizada es más trabajoso cuando cada vez hay más y más antídotos (algunos de ellos no precisamente óptimos) que están siendo implementados, desde la Coca-Cola hasta la Oxicodona, el maltrato físico o emocional, la meditación mindfulness o el entrenamiento en gratitud. Se dice que actualmente muchas condiciones relativas a la salud mental o biomédicas están clasificadas dependiendo de que sean más o menos graves. Así nos encontramos con que la mente-cuerpo es un espectro de posibilidades. Cada cual tiene su propio modelo de sufrir y su propio modelo de iluminación.

Mindfulness es la percepción y el discernimiento de la no-imperfección, y es el fundamento del instinto biológico de cuidar. El término mindfulness se define frecuentemente como la ausencia de juicio o interpretación. Por tanto en nuestro interior hay un estado mindfulness que puede sostener como una sola cosa a la totalidad de la polaridad del crecimiento y la resistencia así como a nuestra esencia de no- imperfección. A esto tradicionalmente se le da el nombre de la unión de la sabiduría y la compasión, pero realmente es la unión del cuerpo y la mente en tanto que atención corporeizada. Una vez que la esencia de no-imperfección puede ser comprendida en tanto que realidad corporeizada, puede ser desarrollada y permitírsele crecer y florecer. De este modo el mindfulness fomenta la posibilidad de una compasión sin límites que abarca a todos los seres vivos y la sabiduría que sabe y discierne cómo podría llevar a cabo tal posibilidad. Este de hecho es el significado real de la salud desde un punto de vista corporeizado. Así que la salud es un sinónimo de totalidad corporeizada y compasión. Este es el espectro humano.

El cultivo del cuidado y la exploración de una totalidad corporeizada en continua evolución es una historia, una mitología de los orígenes. Clásicamente la historia de los orígenes considera a la historia y a la concepción como el punto de partida de la totalidad. Sin embargo, las exigencias de la sociedad contemporánea exigen un punto de partida distinto. El punto de partida es justo el ahora. Es la historia de la “ahoraidad” [nowness], de la experiencia del momento presente; que aparentemente se despliega de forma ilimitada. Muchas terapias contemporáneas están diseñadas para evocar y después integrar nuestra propia historia, lo cual suele incluir el estrés y el trauma de la persona, que es lo bloquea y no permite fluir, tal y como hemos visto.

He dicho que la historia del estrés y el trauma no es la historia auténtica de nuestro ser. Eso necesita ser modificado ya que es algo que no es auténtico desde el punto de vista de la totalidad corporeizada. ¿Cómo? Cuando la historia del estrés y el trauma se cuenta, es sostenida (escuchada) por un terapeuta compasivo que está en el momento presente desde el cuidado de su corazón. El cuidado de su corazón es algo literal que comienza con la atención y la consciencia interoceptiva del movimiento de corazón. Así que el momento presente, la inmediata “ahoraidad” de la interacción con mi propio Todo corporeizado, o bien el hecho de relacionarse con otro ser humano, es el recipiente vivo y real de la totalidad, porque el momento presente es siempre e inherentemente completo y un Todo. Es una experiencia completamente integrada en el cuerpo humano que está respirando y bombeando sangre en este preciso momento. Una totalidad de este tipo se expresa a sí misma como amabilidad. De este modo la amabilidad es el cuidado expresándose a sí mismo. Es una actividad nacida del momento presente dirigida hacia uno mismo y hacia otra persona. El cuidado se expresa como amabilidad y es la actividad de la compasión. La compasión, el cuidado y la amabilidad genera humildad, y acoge otras muchas cualidades que albergan la virtud de la no-imperfección. Esta totalidad es descrita con distintas metáforas, especialmente dentro de la comunidad de terapeutas de craneosacral biodinámica. Habiendo estado presente desde el mismo comienzo de nuestra vida humana, fue y continua sosteniendo la historia del estrés y el trauma mucho mejor de lo que pudiera ser imaginado en el mejor cómic de superhéroes. Pero el acceso a y la subsiguiente exploración de la historia de la totalidad puede ser posible gracias a la capacidad del terapeuta biodinámico para escuchar desde su propio corazón, en la sabiduría del cliente (por supuesto, en el momento presente).

Escuchar en la sabiduría del cliente supone una práctica en la que el terapeuta está orientado hacia la forma y el movimiento de su propio diafragma respiratorio, corazón y sistema cardiovascular (considerando a estos órganos como un Todo). El contacto ocular se establece de forma sutil para establecer un marco de seguridad. El lenguaje se utiliza para establecer una conexión reflexiva, sutil y genuina. Esto hace que se afirme nuestra humanidad y totalidad, tanto la del cliente como la nuestra propia. Esto se consigue aún más cuando estamos sintonizados con nuestro cuerpo y mente, lo cual permite que se estabilice nuestro propio encuentro terapéutico. La mente del terapeuta reduce su vagabundeo y descansa en el movimiento y actividad de su corazón. La unión del movimiento corazón/diafragma se convierte periódicamente en un objeto de meditación que hace que se fortalezca la tranquilidad.

La sesión de terapia biodinámica comienza con la historia de la “ahoraidad”. El ahora es algo bastante simple. El terapeuta nota cualquier vagabundeo de los pensamientos y lleva de vuelta la atención a la forma de su propio cuerpo, la forma del diafragma respiratorio y corazón. Estas exploraciones de la interocepción son capaces de cambiar el cerebro de forma muy positiva, haciendo que se reduzca el miedo y la ansiedad. El movimiento del corazón/diafragma es una guía rítmica de la relación terapéutica; es como el metrónomo de la sesión y también supone la conexión con el cuidado. En algún momento el terapeuta sincronizará con el tempo lento de la Respiración Primordial, generalmente tomando una respiración profunda.

La percepción consciente del terapeuta entra en sintonía con lo que es lento y calmado. Así pues, el punto de partida de una sesión de biodinámica no es solamente tener la sensación de la totalidad, sino también tener la sensación de la no-imperfección. El punto de partida es tan sólo la inherente completud en la cual la narrativa del estrés y el trauma es sostenida dentro de una dimensión mucho más amplia, la unión de la totalidad corporeizada y la compasión que no es otra sino la “ahoraidad”.

La “ahoraidad” es el todo, la totalidad de la mente y cuerpo en este mismo momento. Y una práctica de meditación mindfulness que sea diaria, y que esté basada en la no-imperfección, abre la puerta al poder del ahora. De este modo gradualmente el instinto de cuidar se despierta tanto en el terapeuta como en el cliente, gracias a la resonancia. Por tanto, el final de la sesión ya nunca más vuelve a tener como objetivo llegar a establecer una totalidad corporeizada, porque precisamente esta es la forma en que comenzó. El final de la sesión está abiertamente finalizado y no puede ser dirigido por el terapeuta. Desde luego, todo esto está apoyado en el mindfulness. El final puede ir en mil direcciones distintas que van más allá del fin de la sesión. Estamos dando a nuestros clientes el regalo de nuestra atención. Una atención que está basada en el momento presente, y todo lo que incluye el momento presente sirve de curación para muchas dolencias.

Incluso la muerte física tiene miles de direcciones y puede ser asistida mucho mejor con la ayuda del mindfulness, siendo esta actitud la base del cuidado. Esto es especialmente importante en el momento de morir. Otra posible dirección al final de una determinada sesión puede ser recordar la importancia de cuidar; no tanto de cuidar de uno mismo. Es más bien un cuidado ligado a la completud inherente que se expresa a través de la amabilidad. A nivel práctico, el final de la sesión sucede cuando el tiempo del reloj expira y el siguiente cliente está esperando en la sala de espera. El término de una sesión puede tomar muchas direcciones y cada una de ellas contiene algo original que es único y genuino en ese momento. Cuando se trabaja con mamás y bebés, por ejemplo, el terapeuta debe tener una atención muy precisa de la actividad del sistema nervioso autónomo de la mamá y el bebé. Aquí es donde la historia del estrés y el trauma o simplemente el cansancio se hace muy evidente, y la aplicación de la amabilidad es lo que más se necesita en esos momentos.

Realmente, solo una historia es contada en una sesión de terapia. Es la historia del terapeuta. Cuando un cliente entra en la consulta se convierte en parte de una narrativa en constante evolución que se produce en la mente y el cuerpo del terapeuta. Este es el motivo por el que mi amigo Sarajo Berman llama al trabajo de biodinámica “práctica de conexiones”. Desde el punto de vista fenomenológico en tanto que terapeuta sólo me puedo experimentar a mí mismo, a mi propio cuerpo y mi propia mente. Las impresiones que mis sentidos me dan en relación a mi cliente, incluso en la práctica de la terapia manual, siguen estando filtradas por millones de años de desarrollo sensorial, discriminación cognitiva y memoria, que están dentro de mi cuerpo y mi mente de terapeuta. La historia del ahora es la historia de la totalidad corporeizada y la historia del cuidado en el nivel más esencial de uno mismo y de otro. Esta es la historia del amor benevolente y la compasión. Es postrarse con humildad para sentir esto como una realidad corporeizada.

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