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ARTÍCULOS - La biodinamica en la
vida cotidiana - 2-7-2005 - Rafael
Martiz |
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La terapia craneosacral
es una herramienta terapéutica muy útil para
el usuario y una aventura de por vida para
el practicante. El concepto craneal biodinámico nos alienta
a estar con la inteligencia inherente del
“sistema”, con la inteligencia profunda de
la vida, a confiar en ella y en su intención
innata de sanarse a sí misma o ser
consciente de sí misma.Comprometerse con
este sistema terapéutico es asumir la
responsabilidad de ser autentico consigo
mismo. Es comprometerse en una aventura;
pretender ser consciente es no tener lugar
donde esconderse. La presencia no es la bata que hay colgada
en la consulta que te la puedes poner cuando
llegas, trabajas... y te la quitas al salir.
La consulta (presencia) también tiene que
estar en la calle, de hecho es una extensión
de ella, porque es una extensión de tu vida.
Estar presente son palabras mayores, es una
pretensión que requiere ser cultivada todos
los días, todos los momentos de nuestra
vida. La fuerza tensil entre el padre cielo y la
madre tierra * es la que nos mantiene en un
estado de equilibrio dinámico en el que en
ocasiones nos vamos mucho para arriba y
otras nos vamos muy para abajo. El
crecimiento próspero de un árbol tiene que
mantener proporciones equilibradas entre lo
que es desarrollo de su copa y la
profundidad de las raíces que lo sostienen.
La conexión con la fuente de inspiración de
la copa, va seguida por dar la cara al mundo
y reconocer y aceptar la profundidad de la
experiencia humana. No podemos estar siempre
inspirados, nuestra falta de soporte nos
tumbaría y no podemos estar siempre en la
tierra porque una fuerza ascendente clama,
con cuerpo o sin el. En este ir y venir está
nuestro desarrollo, y nuestro punto de
tensión equilibrada en el corazón. En el punto de tensión equilibrada “algo
ocurre” dice Rolling Becker. Que ocurre? Hay
un reconocimiento ¡Ahí está!, ¡eso es!. Es
como sentirse tocado, reconocido. La conciencia de ser trasluce allá donde las
partes se han comprendido, aquietado,
pacificado, en el punto de tensión
equilibrada entre estas dos tendencias es
donde uno se encuentra. Es un dejar ir, un soltar; es el
reconocimiento de lo que hay, la aceptación
y la pacificación lo que hace que la tensión
se suelte, se relaje. Al reconocernos nos
relajamos, nos aflojamos y nos expandimos.
Por fin las cosas pueden salir a la luz, se
pueden mostrar y son recogidas e integradas.
En la consulta buscamos estar lo
suficientemente aquietados, lo
suficientemente en nuestro centro como para
que nuestros juicios y nuestros prejuicios
no se interpongan, no nos interrumpan
mientras estamos en una relación inspirada
en la capacidad sanadora del contacto con la
fuente de la vida. Procuramos que las cosas
se dejen Ser y ponemos los resultados en
manos de la Inteligencia profunda de la
vida. No sabemos lo que tiene que ocurrir,
no sabemos el siguiente paso que se va a dar
en un proceso, más agradable o más
desagradable, pero sabemos que sea como sea
es enriquecedor para todos, porque la
relación con el otro nutre el Ser, común a
ambos. Este estado de aquietamiento o centramiento
donde es posible no estar enredado con las
circunstancias, con el bien y el mal, con
los intereses personales, con la
expectativa, etc. quizá lo consigamos mejor
en ese lugar privado, en el que estamos
cómodos, la consulta, un lugar tranquilo,
seguro, sin muchos estímulos, donde nos será
más fácil asentarnos, aquietarnos y estar
más presentes. Pero eso no es suficiente, la
inercia, como a todo el mundo también puede
hacernos ser competitivos y tener grandes
expectativas, estar enganchado a la
importancia personal o a intereses
personales, también podemos señalar fuera
con el dedo, traspasando culpas,
responsabilidades o reproches a los demás
cuando son cosa nuestra. –no digo que esto
esté mal, digo que puede pasar-. Y... darnos
cuenta de ello nos da la oportunidad de
hacer algo por nosotros mismos, de tomar
conciencia y llegar a un punto de tensión
equilibrada en esa tensión interior, en esa
lucha. El entorno es tu pantalla, tu cliente
y tus relaciones internas.
Cuando podemos estar en
ese estado
en el que podemos reconocer que las
cosas son como son, hay un cambio.
En ese momento hay un
reconocimiento de quien eres.
(no se de quien es la
frase)
Es sabido que cuando nos vamos a morir
hacemos un rápido repaso de nuestra vida,
hacemos una especie de balance donde lo que
se pone de manifiesto realmente es el estar
o no estar en paz consigo mismo. Podemos imaginar nuestro circulo de
relaciones (relaciones internas reales o no,
con vivos o muertos), como un mandala, un
campo de fuerzas tensiles en el que uno está
en el centro y “los demás” bordean la
periferia. Las relaciones en las que se
mantenemos sentimientos de culpa, de rabia,
de debito o deuda, de necesidad, de miedo,
de no querer saber nada... por
resentimiento, por egoísmo, por despecho,
etc, son campos de tensión que nos apartan
de nuestro centro y nos mantienen en este
engañoso juego de fuerzas, de tiras y
aflojas que nos dificultan nuestra marcha, o
más bien, nos perturban la paz.
Cuando yo te ofendo,
realmente estoy mirando en tu espejo
aquello que no acepto de mí.
Me estoy ofendiendo.
Ese es el código
J.Carvajal
Las tensiones internas
que guardamos con relación a los demás son
las tensiones que mantenemos en la relación
con nosotros mismos. Dejar morir las cosas
es no seguirlas cargando, no resistirse. Ser
capaz de mirar y ser capaz de soltar. Si los sentimientos nos tienen encadenados
les podemos echar un “vistazo”, los podemos
mirar cariñosamente, solo el echo de tomar
esa disposición ya te ayuda a tomar una
cierta distancia, ya no estás dentro del
sentimiento, es algo que no eres tú, eres
capaz de verlo. Puedes evocar, visualizar, imaginar una
relación concreta con la que se mantengan
fuertes lazos de tensión: dependencias,
miedos, culpas, ... lo que sea. Esta imagen
o este recuerdo es el generador de una
reacción en ti, de una respuesta. De repente
te sientes de otra manera. Una
imagen-sentimiento-sensación se acoplan en
una inercia que te absorbe, que se te lleva,
que te arrastra la conciencia; factor que
hace que se te enciendan todas las señales
de alarma para protegerte de eso. Aunque...
se siente en el cuerpo!. Como se siente en
el cuerpo?... Lo podemos escuchar... podemos sentir la
historia de esa sensación... La inquietud, el aburrimiento, la
vergüenza,... nos la podemos dejar sentir... Sientes la totalidad de tu cuerpo y te
permites sentir esa cosa desagradable que
normalmente evitamos. Rendirnos a la sensación, respirar, darle
espacio y dejar que se mueva, que nos
inunde, que nos haga estremecer o jadear, o
temblar, dejar que el cuerpo lo experimente
y que lo procese. Las experiencias necesitan
ser vividas.
Algo que viene a cuento del árbol:
Si para recobrar lo
recobrado
debí perder lo perdido
Si para conseguir lo conseguido
debí haber sufrido lo sufrido
Si para estar enamorado
fue menester primero estar herido
Tengo por bien sufrido lo sufrido
tengo por bien llorado lo llorado
Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido
Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado
Francisco Luis Bernárdez
El árbol se nutre gracias
a todas esas pequeñas muertes. Las hojas
caducas de las que se ha desprendido son las
que después le ayudarán a crecer. Soltar lo
que sobra en cada momento es participar en
ese flujo constante de la vida y la muerte
que es la misma existencia. La exhalación,
el soltar, el dejar ir, es el motor que
propicia el inhalar, el inspirar. No sabemos que es mejor o que es peor para
el proceso evolutivo de cada cual. No
sabemos los derroteros que cada uno
tendremos que recorrer para nuestro
crecimiento, pero como terapeutas
craneosacrales no nos podemos medir con la
misma varita que se usa sin una conciencia
biodinámica de la vida, sabes que no puedes
juzgar por el éxito o el fracaso, por el
triunfo o el confort. No por tener inquietudes espirituales nos
merecemos vivir mejor, disponer de más
dinero o ser mejor cuidados, ni siquiera
tener clientes. Ese paralelismo: ser buenos = las cosas me
salen bien. Es un legado de la iglesia. Lo que si que creo cierto es que sea lo que
sea que te depare el destino es lo que te
encaja mejor en tu momento, que la vida te
pone por delante exactamente lo que
necesitas, aunque claro, a nadie le gusta
que le despierten con un jarro de agua fría. El tema, no está tanto que las cosas te
vayan bien, sino en como las encajas, en si
las vives y las procesas; o, si no las
quieres vivir y te las quedas. No tenemos
control ni elección sobre los
acontecimientos que tengamos que
experimentar, pero sí que podemos elegir si
aceptamos estar conscientes de la vida o no. Nos pasamos la vida luchando por ser
“alguien” o “algo”, y el diálogo biodinámico
con esta demanda podría ser: bueno,... está
bien,... si eso es lo que te gusta... lucha,
intenta ser algo.. a ver que pasa...
-espacio- puedes tener éxito.. como
terapeuta?... y, cuando llegues a ser algo,
tendrás algo más de lo que desprenderte
porque averiguarás que no eres nadie más
importante que tu vecino del lado, sea quien
sea. ¡Que difícil es ser un “don nadie”! Alguien dijo: la humildad es la puerta más
estrecha.
Que la Salud os acompañe
Rafael Martiz
ASOCIACION ESPAÑOLA DE
TERAPIA CRANEOSACRAL BIODINAMICA
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